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La selección de fútbol de Bolivia y su as en la manga: la altura

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Interior del Estadio Hernando Siles durante un partido, visto desde la tribuna alta: el césped con los jugadores repartidos y las gradas ocupadas al fondo.

El Estadio Hernando Siles, en La Paz, por encima de los 3 600 m. Es el campo donde la selección boliviana juega de local.

Estadio Hernando Siles. Daniel Illatarco. CC BY-SA 4.0. Ver la lámina completa

El fútbol boliviano tiene una particularidad que ningún otro país usa con tanta constancia: juega de local a más de tres mil seiscientos metros. El estadio Hernando Siles, en La Paz, está en una de las cotas más altas del fútbol internacional, y esa cifra ha sido durante décadas parte del planteamiento deportivo.

La razón es fisiológica. A esa altura la presión parcial de oxígeno es sensiblemente menor que al nivel del mar, y un organismo no aclimatado rinde menos en esfuerzos intensos y repetidos. Los equipos que llegan de la costa suelen ajustar la duración de su estancia previa precisamente por eso.

La altura no gana partidos por sí sola, pero cambia el guion: obliga al visitante a administrar el esfuerzo y da al local un margen en los tramos finales. Es un factor de terreno, del mismo orden que el relieve que describe el mapa orográfico.

Conviene recordar que Bolivia no es sólo altiplano. Santa Cruz de la Sierra está a poco más de cuatrocientos metros, y los clubes del oriente juegan en condiciones completamente distintas a los del occidente: la liga nacional se disputa, literalmente, en varios pisos.

El estadio Hernando Siles está en la hondonada de La Paz, y el visitante suele llegar por El Alto, que está todavía más arriba. Esa secuencia – aterrizar por encima de los cuatro mil metros y bajar después – es parte de la experiencia y de la dificultad: la aclimatación no empieza en el estadio sino en el aeropuerto.

La discusión sobre la altura ha tenido consecuencias reglamentarias. Ha habido intentos de limitar la disputa de partidos internacionales por encima de determinadas cotas, con la oposición firme de los países andinos, que argumentan que jugar en su propio territorio no puede tratarse como una ventaja ilegítima. La cuestión se ha resuelto siempre a favor de mantener las sedes.

En el plano deportivo, el efecto se administra con preparación. Los equipos visitantes optan por llegar con mucha antelación para aclimatarse o, al contrario, por llegar pocas horas antes del partido para jugar antes de que la falta de oxígeno se note. Las dos estrategias tienen defensores y ninguna resuelve el problema del todo.

Conviene además no reducir el fútbol boliviano a este único rasgo. La liga se juega en pisos muy distintos y los clubes del oriente – con Santa Cruz de la Sierra a poco más de cuatrocientos metros – tienen una tradición propia y condiciones opuestas a las del altiplano. El campeonato nacional es, en ese sentido, una competición entre climas.

El relieve que explica todo esto se ve mejor dibujado: la diferencia entre una sede a 3600 m y otra a 400 m aparece con claridad en el sombreado del mapa orográfico, y ayuda a entender por qué los desplazamientos internos del calendario son tan exigentes.

Preguntas frecuentes

¿A qué altura está el estadio Hernando Siles?

En La Paz, por encima de los 3600 m sobre el nivel del mar, una de las cotas más altas del fútbol internacional.

¿La altura realmente influye en el juego?

Influye en el rendimiento físico: a esa altitud la presión parcial de oxígeno es menor y un organismo no aclimatado se fatiga antes en esfuerzos intensos repetidos. No decide un partido por sí misma, pero condiciona cómo se administra.

¿Se ha intentado prohibir jugar en altura?

Ha habido intentos de limitar los partidos internacionales por encima de determinadas cotas, con la oposición firme de los países andinos, que sostienen que jugar en su propio territorio no puede tratarse como una ventaja ilegítima. La cuestión se resolvió manteniendo las sedes.

¿Cómo se preparan los equipos visitantes?

Con dos estrategias opuestas: llegar con varios días de antelación para aclimatarse, o llegar pocas horas antes para jugar antes de que la falta de oxígeno se note. Las dos tienen defensores y ninguna resuelve el problema del todo.

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