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| Queman vivos a dos brasileños en San Matías | | San Matías, S.Cruz Hace 9 meses (15/08/2012 10:22:49) |  |
Queman vivos a dos brasileños en San Matías
(Foto: En vida. Rafael Max Díez, uno de los dos brasileños acusados de matar a tres bolivianos, cuando era aprehendido ayer en el monte. Más tarde, una turba lo linchó)
Una turba enardecida de San Matías, localidad ubicada a más de 800 kilómetros de la capital cruceña, la tarde de ayer quemó vivos a dos presuntos delincuentes brasileños arrebatados a la Policía. Los inmolados fueron Rafael Max Díez (27) y Jefferson Castro de Lima (22), acusados de haber matado a balazos a los bolivianos Paulino Parabá Ramos (33), Édgar Suárez Rojas (26) y Vanderley Costa Parabá (27), la noche del lunes.
En la refriega resultaron heridos Samuel Carvajal Salvatierra, que se encuentra en terapia intensiva en un hospital de Cáceres, y Sergio Ramos Poñé, que recibió un impacto de bala en el brazo derecho.
La jornada violenta en la localidad fronteriza se inició, a las 16:00, cuando policías de la Felcc rastrearon por los alrededores de San Matías en busca del supuesto asesino, Rafael Max Díez, que había escapado al monte.
Rafael salió del monte a una casa a pedir agua, los agentes lo divisaron y hubo un cruce de balas. El brasileño agotó sus balas y se refugió en una zona denominada Cañón Fátima, pero luego fue capturado.
Con la misión cumplida, los investigadores entregaron al sujeto al comandante de la Policía, mayor Edwin Rojas Méndez, que encerró a Rafael en la celda en la que estaba recluido su supuesto cómplice, Jefferson, desde la noche anterior.
Los brasileños admitieron el hecho, pero no declararon por qué cometieron el crimen. A las 18:00, una turba se aglomeró fuera de la Policía y empezó a pedir que les entragaran a los detenidos. Los ánimos se fueron caldeando hasta que la turba quemó un vehículo policial.
Los gases lanzados por los agentes para dispersar a la multitud fueron en vano y más bien sulfuraron más a los que exigían justicia por mano propia. El comandante Rojas, al ver que él y sus policías corrían peligro, pidió ayuda a los militares. No obstante, los efectivos militares no hicieron mucho porque la gente lanzó piedras a la Policía y, a las 19:00, vulneró la entrada del puesto policial. Los 10 efectivos que estaban parapetados alzaron las manos y los militares se retiraron, lo demás corrió por cuenta de la multitud.
Con las víctimas a su merced, les propinaron patadas, puñetes, palazos y cinturonazos. Más tarde hubo la intención de llevarlos a la plaza del pueblo malheridos, pero antes alguien les roció gasolina y otro les prendió fuego.
La situación se tornó incontrolable, la turba prohibió a los periodista filmar las escenas.
El Deber |
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