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| Los sucesos de 1780 y 1781 | | María E. del Valle Hace 3 años (10/02/2010 07:37:53) |  |
(Imagen: Muerte de tupac Katari)
Los sucesos de 1780 y 1781
Sin embargo, “a ningún historiador actual le cabe duda de que (los sucesos) de 1780 y 81 constituyen un proceso diferente a las demás rebeliones. Las anteriores constituyeron, por lo general, movimientos breves muy localizados y obedecieron ordinariamente a motivos concretos de protesta ante alzas de contribuciones, abusos de corregidores en los repartos, malquerencias o descontento frente al proceder de determinados funcionarios o instituciones”. Pero, “no implicaron planes políticas independentistas y fracasaron siempre porque frente a ellos existía un Estado vigoroso que reaccionaba enérgicamente”.
En cambio, el de Amaru y Katari —que tienen una conexión, si bien no una articulación que haga pensar en objetivos y estrategias comunes— tienen características especiales; “a los elementos anteriores se suman ahora la extensión y amplitud, la intensidad, la duración, el arraigo y la aparición de grandes caudillos”.
Además, “se ve desaparecer la antigua docilidad, paciencia y sumisión de los nativos, para ser reemplazada por una áspera violencia, crueldad y enardecimiento”. Si antes “los indígenas habían manifestado una verdadera incapacidad para mantener y asegurar sus derechos, ahora, en cambio, reaccionaban con actos de violencia sanguinaria, saqueos, y, sobre todo, con un odio implacable”.
Según Del Valle de Siles, “lo más seguro es que los primeros pasos del caudillo aymara se iniciaron en febrero de 1781 en la región de Pacajes, Yungas, Sicasica, corregimientos vecinos al de La Paz. En pocos días fue levantando con gran violencia las ciudades y pequeños pueblos vecinos de Ayoayo, Calamarca, Luribay, Araca, Yaco, Caracato, Sapaaqui, Laja y Viacha”. La acción continuará hasta que, el 14 de marzo de 1781, la ciudad de La Paz es cercada. “En todo este periodo, el caudillo atacó y dirigió personalmente su actuación; sin embargo, es tan oscuro su origen y tan misteriosa su aparición que los españoles creían que quien maniobraba era el propio Tupac Amaru”.
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